Nùria Vila: “Los diseñadores somos agentes del cambio”

La diseñadora Nùria Vila es una pionera. Antes de que la sostenibilidad fuera un término común, antes de que formara parte del discurso de las marcas y antes de que fuera unos de los objetivos mundiales a alcanzar en 2030 (ODS), ella los interiorizó e incorporó a su vida y a trabajo.

Sus proyectos, equilibrios perfectos entre lo ético y lo estético, son un ejemplo para abrir los ojos ante una realidad que ya es imposible de ignorar. Y, conocer su filosofía, nos ayuda a los diseñadores a entender nuestra responsabilidad con el entorno y porqué nuestra profesión tiene tanto que decir, tanto que aportar y aún tanto que mejorar.

Interpretación de Núria Vila del poema Fongs de Jaume C. Pons Alorda para el libro ABRACADABRA. Un proyecto en curso junto el pintor Jordi Pagès. Para una página, la diseñadora conseguió cultivar gírgoles comestibles siendo este uno de sus proyectos de experimentación con nuevos materiales.

¿Cuándo empezaste a sentir curiosidad por el diseño? Y, ¿cómo lo uniste con tu compromiso con el medio ambiente? Todo empezó cuando fui a ver una exposición de carteles de Joan Brossa. Su poesía visual me cautivó, decidí probar con el diseño gráfico, y me enamoró. Estudié en Bau y tuve la suerte de compartir clase con Raúl Ramos y Mireia Ruiz entre otros muchos. Todos nos auto-motivábamos para seguir experimentando y aprendiendo porque el diseño es un mundo apasionante en el que siempre se puede seguir aprendiendo. No tiene fin.

Y mi compromiso con el medio ambiente fue algo orgánico. Desde pequeña, he ido a L’esplai y nuestro lema era deja siempre todo igual o mejor que lo encontraste. Esto es la esencia de la sosteniblidad. Satisfacer nuestras necesidades sin perjudicar a las generaciones futuras. Pero mi punto de inflexión fue un viaje a El Salvador. Allí grabé un documental para una asociación con niños discapacitados y todo cambió. Fue un viaje interno. Disfruté la experiencia, su gente, su cultura y sus historias recientes de la postguerra. Al regresar, estaba rebotada con el mundo. Con las injusticias, el capitalismo y el egoísmo. Me sentía mal por ser parte de ello y por ayudar a vender productos en los que no creía.

Tuve un conflicto interno y decidí dejarlo todo. En ese proceso fui diseñadora freelance. Mi entorno está muy relacionado con el mundo rural, así que empecé a trabajar para el Consorci de Gallecs. En sus briefings siempre tenía que transmitir ecología y sosteniblidad. Y qué mejor manera que intentar que el diseño, en sí mismo, estuviera producido de manera sostenible y respetuosa con el medio ambiente, en vez de intentar imitar su apariencia.

Kokorome un catálogo atemporal que se plantea como un libro/revista. Dentro de la publicación hay páginas de formatos diferentes. En estas, mediante el troquel, aparecen las imágenes de sus productos. Las fotografías pueden ser substituidas por otras nuevas, enseñando así un producto diferente sin necesidad de volver a imprimir el catálogo.

¿Qué es realmente la sostenibilidad? ¿Cómo ha cambiado este concepto en los últimos años y en el último año? Entendemos sostenibilidad cómo un desarrollo económico, social y ambiental para satisfacer nuestras necesidades, sin perjudicar a las generaciones futuras. Pero algo no hemos cumplido.

El concepto de Desarrollo Sostenible se presentó en el World Commission on Environment and Development – conocido como el informe Brundtland– y elaborado por distintas naciones en 1987 para la ONU. Consiste en tener en cuenta lo social, lo económico y lo ambiental para lograr lo vivible, lo viable y la equidad. 

Pero, en este último año, el valor de sosteniblidad se ha perdido. Se está usando esta palabra para que las marcas puedan vender más, dejándola vacía de contenido. Esto nos lleva al greenwashing. Pero ahora es fácil identificar a las marcas que se verdaderamente actúan y a las que solo es fachada.

Enfoco mis diseños a modelos más sostenibles porque 100% sostenibles, no es posible.

Nùria Vila

Según los científicos, nos quedan menos de 9 años para que la situación sea irreversible, así que me encanta que todos nos subamos al carro de la sostenibilidad. Pero, para poder hacerlo, tenemos que cambiar. Crear acciones que realmente reduzcan el impacto ambiental. Como decía Emmeline Pankhurst: Acciones, no palabras.  

Este póster, Canvi Climàtic, es uno de los carteles de la colección del Cambio Climátic Tac. Cada uno trata de abordar un tema relacionado con la emergencia climática y, este en concreto, habla sobre el calentamiento global y el deshielo del permafrost que aumenta la aparición de microorganismos potencialmente peligrosos.

¿Qué tipo de proyectos llevas a cabo y cómo integras la sostenibilidad y la ética en ellos? Actualmente tengo proyectos de identidad corporativa, packaging, editorial, comunicación y webs. También he tenido la oportunidad de ser comisaria de la exposición Plastic, genial o pervers? del Museu Vida Rural que forma parte de la Fundació Carulla. En esta exposición también también diseñé el espacio expositivo y realicé una instalación. A partir de esta experiencia, sigo colaborando con el museo en diferentes proyectos donde exploro lo artístico y experimental.

Mi manera de diseñar va con mi estilo de vida. La sosteniblidad para mí es tan esencial como buscar el equilibrio entre forma y función. Trato de diseñar teniendo en cuenta el ciclo de vida, pensando en la extracción y el procesado de los materiales, seleccionando los que provienen de desechos, o usando materias primas de origen vegetal para que vuelvan a la tierra en forma de nutrientes cuando llegue el fin de su vida.

Como diseñadores, debemos tener en cuenta cómo y dónde se va a distribuir nuestro trabajo para decidir dónde producir y ensamblar, fomentando lo local, el Kilómetro Cero y el uso de energías renovables en los procesos. En cuanto a la distribución, debemos tener en cuenta el tipo de transporte y, a ser posible, que el producto ocupe y pese poco. Una vez que el diseño llegue al consumidor, debemos lograr que se alargue al máximo su vida útil fomentando la reutilización o reparación y, cuando llegue a su fin, se debe optimizar su gestión. Para todo ello, debemos generar diseños circulares y, en el caso de no poder serlos, debemos trabajar con mono-materiales para facilitar su reciclaje.

Núria Vila en Paradís de Word Design Capital Valencia 2022. Fotografía de Nerea Coll.

Las marcas usan la palabra sostenibilidad para vender más y la dejan vacía de contenido

Nùria Vila

¿Cuál es tu proceso de trabajo? Intento trabajar codo a codo con el cliente para hacerle participe del proceso. Elaboramos un briefing conjunto para tener claros los objetivos y el camino a seguir. Empiezo con una investigación previa, un análisis y unas conclusiones para poder decidir la estrategia que seguiremos y detectar qué partes tienen un mayor impacto ambiental y así reducirlo a través del diseño.

En mi proceso de trabajo, las diferentes fases del ciclo de vida de los productos son básicas. 

Tienes una importante experiencia docente y conoces bien a las nuevas generaciones de diseñadores. Para ellos, ¿es más fácil trabajar en términos de sostenibilidad? Cada vez encuentro alumnos más preocupados y comprometidos. Las nuevas generaciones tienen sensibilidad y compromiso con el medio ambiente y son conscientes del futuro que les estamos dejando.

El movimiento Fridays for Future es un gran ejemplo reclamando políticas ambientales para dejar de destruir el planeta. Los recursos se están agotando y existe la necesidad de trabajar de manera más sostenible. Esto hace que surjan nuevas oportunidades de negocio relacionadas con la sostenibilidad como eje principal.

El sistema capitalista en el que vivimos hace que consumamos sin pensar. Debemos parar y reflexionar sobre cómo consumimos, el uso y abuso que hacemos de las cosas. El planeta tiene los recursos finitos y vivimos por encima de ellos. ¡Tenemos que empezar a actuar ya, antes que sea demasiado tarde!

El 80% del impacto ambiental de un diseño se decide en la primera fase. La nuestra.

Nùria Vila

Hay muchas iniciativas a nivel internacional y nacional sobre diseño y sostenibilidad. ¿Cuáles te resultan interesantes? Cada vez hay más iniciativas y nuevas propuestas, aunque aún queda mucho por hacer.

Me fascina el movimiento de investigación y experimentación de biomateriales, muchos de ellos a partir de residuos. Creo que aquí está la clave. Saber darle una nueva vida a algo que se ha convertido en un residuo. Sobre este tema recomiendo la Fundación Ellen McArthur donde hacen divulgación del diseño circular. También es muy interesante Massive Change, una propuesta de Bruce Mau, y también la iniciativa re-nourish.

A nivel nacional, me resulta interesante EnCircular de la ADCV y su herramienta digital que permite aplicar una metodología de eco-diseño evaluando y valorando proyectos de diseño gráfico, desde el punto de vista de la eco-eficiencia y la sostenibilidad, creado por la La Page Original

Second Life es el resultado de la participación de Núria Vila en la segunda edición de la exposición SPOONS FICTION de @foodture.barcelona. Su planteamiento es ¿que pasaría si usáramos cubiertos creados con nuestros propios restos de comida? Una reflexión sobre usar nuestros residuos alimentarios para sustituir los materiales que tardan años en degradarse por que “aquello que se convierte en desecho puede transformarse en un nuevo material y tener una nueva vida”. Estas cucharas, en concreto, están hechas a partir del poso del café de @slow.mov y de las cáscaras de huevo. Fotografía de Marina Roca.

Un diseñador trabaja como es. Aplica su estilo de vida y su concepción del mundo en sus proyectos. Parece que es indisoluble nuestra perspectiva como diseñadores y cómo ciudadanos. Pero aún nos queda mucho por hacer. ¿Cómo avanzamos en este sentido los profesionales del diseño? Debemos aliarnos con la naturaleza. Tener presente que si no cuidamos nuestro entorno y la gente que vive en él, acabaremos sin nada. Debemos cambiar nuestra manera de vivir: reducir, reutilizar y como última opción, reciclar.  Como dice Al Gore: “La dicotomía entre desarrollo y sostenibilidad es falsa. Sin planeta, no hay economía que valga.” 

El 80% del impacto ambiental de un diseño se decide en la primera fase. La nuestra. Así que los diseñadores tenemos el poder de cambiar las cosas y ser agentes del cambio. 

Productos de fitocosmética del Montseny que usan restos orgánicos que genera la propia empresa en el proceso de creación de las cremas para usarlos como protección de los packs. Una vez se recibe el paquete, no sólo protege el pack, sino que desprenden un agradable aroma a montaña. Todos los envases son retornables y, por este motivo, las etiquetas se cierran sin necesidad de usar colas y facilitar la reutilización del pack. Las etiquetes están creadas con un solo troquel que funciona en las tres medidas diferentes del envase. Así reducimos costes energéticos y económicos. Fotografía de Anna Rigau.

¿Qué te inspira? La arquitectura y el diseño industrial me ha ayudado a entender cómo minimizar el impacto ambiental y reducir la huella ecológica para aplicarlo al diseño gráfico. 

Me inspira todo: literatura, danza, teatro, escultura o pintura. Pero es cierto que consumo distintas redes sociales que también son fuentes de inspiración, aunque son un arma de doble filo. A veces, me saturan tantos impactos visuales y busco equilibrio en la naturaleza para desconectar y dejar la mente en blanco.

Arriba, póster para puertos de mar que avisa de la aparición de la Caulerpa Cylindracea, un alga invasora que amenaza nuestros ecosistemas. Y, abajo, póster hecho con papel piedra para sustituir el planificado y así evitar mezclar dos materiales como el papel y plástico. Un material cradle to cradle ideal para sumergirlo y estar a la intemperie.