La diseñadora Nùria Vila es una pionera. Antes de que la sostenibilidad fuera un término común, antes de que formara parte del discurso de las marcas y antes de que fuera unos de los objetivos mundiales a alcanzar en 2030 (ODS), ella los interiorizó e incorporó a su vida y a trabajo.

Sus proyectos, equilibrios perfectos entre lo ético y lo estético, son un ejemplo para abrir los ojos ante una realidad que ya es imposible de ignorar. Y, conocer su filosofía, nos ayuda a los diseñadores a entender nuestra responsabilidad con el entorno y porqué nuestra profesión tiene tanto que decir, tanto que aportar y aún tanto que mejorar.

¿De qué sirve el progreso?, ¿de qué sirve la tecnología y la ciencia si no aportan cambios?, ¿si no nos ayudan a avanzar y a mejorar como sociedad? Gracias a la investigación enfocada a rebajar el impacto que provocamos en el medio ambiente, podemos promover cambios positivos. Y, si a esa investigación se une el diseño, el binomio es perfecto y el progreso es real.

El uso de plásticos por parte de la sociedad occidental es indiscriminado y las consecuencias de ese uso masivo son terribles a corto y largo plazo. En concreto, el plástico se utiliza de forma irracional en el sector de la alimentación y ya son muchas las iniciativas que buscan romper esta dinámica destructiva y contaminante. De ahí que cualquier proyecto que busque reemplazar este material por otros biodegradables son siempre bienvenidos.