¿Cómo serás 2022?

Ya es tradición escribir mi post más personal en el inicio de un nuevo año. Releo ahora el que escribí para dar la bienvenida a 2021 y me agrada ver que, por entonces, sentía que por encima de todo estaba nuestra capacidad de ver lo bello en momentos complicados. En aquel momento me acompañaba el optimismo pero, tal vez este año, no tenga una visión tan romántica de la realidad. Porque han sido 12 meses de esfuerzos titánicos.

A día de hoy, la pandemia no nos ha convertido en una sociedad mejor, pero sí en individuos más egoístas. Tanto en lo pequeño como en lo grande. Un dato: en Europa cerca del 70% de la población está vacunada de Covid-19, mientras que en África no llega al 14%. Unas cifras que duelen.

Me pregunto hasta qué punto el diseño tiene tantas capacidades para impulsar cambios positivos como hemos pensado hasta ahora. Y me pregunto si esta profesión puede hacer más, con más fuerza y más alma, para ayudar a los demás, sean quienes sean. Me cuestiono ahora si el diseño es realmente capaz de generar impactos positivos y cambiar dinámicas destructivas.

También todos los invitados de este año en Lisbon-Paris-Madrid han mostrado su opinión sobre la pandemia y doy las gracias a todos los que han querido estar aquí y nos han acercado sus opiniones sin filtro. Gracias a mis amigos queridos Nùria Vila, Jeffrey Ludlow y Alberto Aranda. Y gracias a los que, aun sin conocernos, me han dedicado su tiempo para hacer llegar a los lectores sus secretos. Me impresionó especialmente Pep Carrió y Teresa Sapey. Me enamoró Beatriz Palacios y Verónica Fuerte. Me rendí ante el entusiasmo de las hermanas Yarza ganadoras del Premio Nacional del Diseño 2021. Y me fascinó Eva Morell que con su blog El Club de la Cabaña (cada jueves estoy deseando que caiga ese mail en mi bandeja de entrada) reivindica que hay que salir y evadirse para huir del Síndrome de la Cabaña que yo particularmente disfruto y sufro a parte iguales.

Desde el momento en que explotó el concepto del Metaverso que se llevaba fraguando tanto tiempo y que conocí el color del año creado por Pantone para este 2022, supe que el diseño está emprendiendo un camino extraño porque ha perdido capacidad de simplificar, de embellecer, de sincronizarse con las necesidades reales de una sociedad que se deja llevar por las pantallas allá donde sea que le lleven, aunque sea a lo irreal. ¿Puro pesimismo?